Dafne Lozano es una de esas ciudadanas que vive en un hogar en el que todos los miembros están en paro. En la última década sólo ha cotizado 19 días. Tiene tres hijos y acude a comer diariamente a nuestro comedor social de Villaverde.

 

Tanto Dafne como su marido sólo han tenido la oportunidad de realizar, durante este tiempo, trabajos de carácter temporal y la mayoría sin contrato. El máximo sueldo que ha recibido ha sido durante poco más de un año, de dependienta: “Yo entré sin contrato, trabajando de lunes a domingo y ganando 500 euros”. “La necesidad” fue lo que le llevó a trabajar 55 horas semanales sin contrato y sin vacaciones. También ha trabajado puerta a puerta con una compañía de seguros como comercial, y limpiando casas de vez en cuando, para “ganarse un dinero y hacer una pequeña compra para que los niños puedan desayunar”.

 

Ahora recibe la ayuda de 700 euros que le dan para lo justo: “pagar facturas y recibos”. ¿Qué ocurre cuando surgen imprevistos, como acudir al dentista o una excursión del colegio de los niños? “Estos son los que más sufren”, cuenta la madre. “A veces me he retrasado en el pago de una excursión y se han quedado sin ir“. Al colegio van todos andando: “Antes tenían una hora de camino, ahora veinte minutos”, que los hacen caminando incluso cuando llueve. “Tapamos las mochilas con bolsas de plástico”, y así es como logran llegar al centro de estudios.

 

Gracias a Mensajeros de la Paz, ahora estudia para ser auxiliar sociosanitario: “Tengo que tener estudios cualificados para que un empresario me de la oportunidad”, cuenta. Retomar los estudios le hace sentirse esperanzada. Y añade, “los pobres no somos malos, sólo necesitamos oportunidades”. A nadie le gusta depender de ayudas y pensiones. Dafne se conformaría con el sueldo mínimo y cubrir las necesidades básicas de sus hijos.

 

Aquí puedes ver la entrevista completa.

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