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Enfrentando la alta mortalidad infantil en Etiopía

(Álvaro Fuente, Planeta Futuro).- En el exterior de la maternidad del hospital público de Gondar, en Etiopía, huele a café. Tradicionalmente, la familia de la joven parturienta espera unida para dar la bienvenida al bebé en torno a una vasija de café recién hecho, cuyo aroma sirve, además, para espantar los malos espíritus. Hasta hace unos años aún no pondrían nombre al recién nacido. “Debido a la alta mortalidad infantil no se les bautizaba hasta que cumpliesen unos meses. Para intentar mitigar las secuelas psicológicas que te deja la muerte de un hijo”, explica Yeshi Beyene, fundadora de la organización Ayudamos a Mamá en Etiopía (AYME).

 

En las últimas semanas de gestación, las madres que asisten al hospital se tienen que enfrentar a la escasez de camas y recursos médicos, con lo que es habitual encontrarlas junto a sus familias acampadas en las casas construidas en los alrededores de los centros sanitarios a la espera de que las puedan asistir. Muchas han llegado de zonas rurales después de varios días de viaje en condiciones penosas, caminando o en cualquier medio de transporte y están agotadas. “Veía llegar a madres a punto de parir sangrando o con su niño en brazos por haber dado a luz de camino al hospital y una que llegaba en burro murió al poco de llegar al centro. ¡Es inhumano!”, comenta Yeshi Beyene, que indica que en Etiopía hay 30 veces más posibilidades de morir al cumplir los 100 días que en Europa, por las malas condiciones en la etapa neonatal.

 

Beyene llevaba residiendo en España 27 años y hace nueve que decidió regresar a su Etiopía natal para visitar a su abuela enferma. Durante su estancia en el hospital de Gondar conoció el problema que le dejó profundamente afectada. “Siete mujeres embarazadas fallecieron al dar a luz en la semana que estuve acompañando a mi abuela Mulu. La principal razón de esta situación es que las mujeres tienen un acceso limitado o ninguno a los centros de salud, debido a las largas distancias que deben recorrer”. El impacto de la situación y de comprobar las lamentables condiciones del centro sanitario hicieron que esta mujer fuerte y emprendedora se planteara la necesidad de mejorar este problema que afecta a su país. Así se lo prometió a su abuela en su lecho de muerte.

 

“Es inaceptable que el embarazo y el parto continúen suponiendo hoy una amenaza para las vidas de las mujeres, y que 7.000 recién nacidos mueran diariamente en el mundo”, afirmaba Tim Evans, director superior de Salud, Nutrición y Población del Grupo del Banco Mundial. “La mejor medida del éxito de una cobertura sanitaria universal no es solo que una madre tenga un fácil acceso a atención, sino que esta sea de calidad y asequible, y que garantice una vida saludable y productiva para sus hijos y su familia”, añadía.

 

Etiopía participó en el llamamiento a la acción promovida en 2004 por el entonces secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, para movilizar e intensificar las acciones mundiales destinadas a mejorar la salud de las mujeres y los niños, con el apoyo de Unicef. Hasta ahora, el segundo país más poblado de África, con más de 90 millones de habitantes, ha registrado enormes avances en la reducción de la tasa de mortalidad de menores de cinco años, con un descenso de un 67% desde 1990, unas dos terceras partes.

 

A pesar de este importante decrecimiento en las cifras de los últimos años en las muertes neonatales y maternas, Etiopía es aún hoy uno de los países más peligrosos para dar a luz y la mortalidad es especialmente elevada en las zonas donde es difícil el acceso a los hospitales. Cada 1.000 nacimientos, 41 niños mueren antes de alcanzar los 28 días de vida y 97.000 niños fallecen durante el parto anualmente. El 80% se produce por causas evitables como partos prematuros, complicaciones durante el nacimiento o infecciones. En Etiopía murieron 353 mujeres por cada 100.000 nacidos vivos en 2015, y en España cinco, según las estimaciones del Banco Mundial. “Simplemente con cuidados sanitarios de calidad y accesibles podrían evitarse decenas de miles de muertes”, indica Beyene. “Influye que también muchas prefieren aún dar a luz en sus casas”, añade. El 84% de la población etíope vive en zonas rurales y el acceso a las instalaciones de salud es muy limitado, solo hay tres médicos por cada 100.000 habitantes, según datos de Médicos sin Fronteras.

 

A su regreso a España en 2011, Yeshi Beyene fundó la organización AYME para visibilizar esa situación, sensibilizar y aportar soluciones. Lo primero, acercar la atención sanitaria a varias aldeas de Gondar. Por eso, la prioridad fue conseguir dos ambulancias que atendieran y trasladaran a las parturientas al hospital y esto lo consiguió gracias a la Comunidad de Madrid y a la concejalía de Cooperación del Ayuntamiento de Gijón. “Con el transporte sanitario se consiguieron salvar varias vidas y que esos niños nacieran bajo supervisión médica”, asegura.

 

Después vino el proyecto de construcción de una maternidad para lo que ha conseguido implicar a la ONG Mensajeros de la Paz, dada la experiencia de más de 20 años de la organización del Padre Ángel en el desarrollo médico sanitario en el continente africano. “Le fui a ver para exponerle la situación vivida en mi tierra y el número de muertes abrumador. Enseguida me ofreció la ayuda de su fundación a través de su director de proyectos, Juan Miguel García Alonso, de Mensajeros de la Paz Asturias, que se comprometió hasta tal punto que hoy da nombre al parque infantil del centro”, dice Beyene.

 

“Desde un primer momento me pareció una idea muy bella y necesaria. Y organismos de Asturias vieron también la necesidad de colaborar en el proyecto”, explica García. Así, con sus propios recursos y junto al apoyo de la Agencia Asturiana de Cooperación al Desarrollo (AACD) y la Fundación Alimerka han conseguido ejecutar la construcción de una maternidad a las afueras de Gondar y equiparla completamente con ambulancia, material para el laboratorio, quirófano, salas de parto y un vehículo de transporte para el personal sanitario que prestará atención materno infantil a varias aldeas del entorno.

 

“A pesar de los grandes avances del país en sanidad no podemos tirar la toalla, aún hay una gran escasez de recursos y servicios. Es una vergüenza que en pleno siglo XXI exista tanta falta de dignidad sobre todo con los más vulnerables”, afirma el padre Ángel. “Hemos visto las dos caras. Ayer se nos caían las lágrimas viendo la saturación en el hospital de Gondar, una carencia de todo tipo de enseres médicos, de salubridad, medicamentos... y hoy estamos ilusionados por haber aportado algo con este proyecto, junto a AYME, y haber conseguido implicar a tantas instituciones y organismos de España y Etiopía”, comenta el sacerdote español tras la inauguración.

 

Una implicación a diversos niveles que también destaca Esteban López, director de la Agencia Española de Cooperación Internacional al Desarrollo (Aecid) en el país: “La nueva maternidad nos parece una gran iniciativa que además da de lleno con la estrategia de la cooperación española en Etiopía que prioriza el sector salud. Es importante en este proyecto la colaboración de la Universidad, que es la institución local que va a gestionar el centro, ya que el apoyo de los socios locales es imprescindible”. El Ayuntamiento cedió el terreno. El hospital, los recursos humanos. Y la propia Universidad de Gondar se hace cargo de la gestión como cooperantes activos locales del proyecto, motivados por la necesidad de este servicio sanitario en la localidad y por la persistente gestión de Beyene.

 

El primer parto


Amara fue una de las primeras mujeres en dar a luz en el nuevo centro incluso antes de ser inaugurado. Por la tradición que aún impera en el país, ha dado a luz a sus primeros tres hijos en su casa, pero el tercero falleció por complicaciones después del parto y estuvo varios días con graves pérdidas de sangre. “No quise repetir la experiencia y fue mi marido quien me suplicó ir hasta la maternidad. A pesar de la presión en casa para volver a dar a luz junto a los míos, decidimos llegar hasta aquí para evitar volver a perder un hijo. No lo soportaría”, comenta Amara mientras muestra a su bebé de apenas unos dos meses.

 

“Antes, además de la presión que aún hoy las mamás reciben en casa para parir en familia, había que pagar por cada atención médica”, indica Beyene. “Hoy, el Gobierno etíope ha eliminado cualquier tipo de pago en los hospitales públicos, lo que es un incentivo más para que vengan a los centros sanitarios a parir”, explica. Destaca, además, el impacto de los talleres formativos que han comenzado a realizar destinados a mujeres sobre planificación familiar, sensibilizar acerca de la importancia del seguimiento médico durante el parto, la higiene posnatal o la alimentación del recién nacido.

 

Las banderas de Asturias, España y Etiopía ondeaban en la entrada de la maternidad recién inaugurada. Bajo ellas, un grupo de mujeres realizan la ceremonia del café en honor de los dos primeros recién nacidos. En este caso, sí que tienen nombre, Ángel y Graciela, en gratitud a la ayuda e implicación por parte del padre Ángel, presidente de Mensajeros de la Paz y a la exdirectora de la Agencia Asturiana de Cooperación, Graciela Blanco, por haber conseguido llevar a cabo la promesa de Beyene a su abuela: la construcción de una maternidad que además lleva su nombre, Mulu. Un centro que contribuirá a fomentar la reducción de las muertes de madres e hijos y que se estima que en el primer año dará cobertura a unas 12.000 mujeres de la comarca. “Pero, sobre todo, continuar haciendo lo posible para que desaparezcan esas cifras. Ninguna madre debería fallecer por dar a luz y ninguna madre debería ver como muere su hijo”, concluye Beyene.

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