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Jábaga reconoce al padre Ángel su lucha contra la violencia de género

(El Día Digital).- No pudo estar el pasado 30 de septiembre inaugurando el mosaico que representa la lucha contra la violencia de género. Por eso, el Padre Ángel, fundador de Mensajeros por la Paz y Premio Príncipe de Asturias de la Concordia ha venido hasta Jábaga en donde el Ayuntamiento le ha entregado un Reconocimiento aprobado en Pleno meses atrás.

 

Todo ello en el transcurso de un emotivo acto que tuvo lugar en el salón de Plenos, perfectamente acondicionado,  donde el alcalde, José Luis Chamón, le dio la bienvenida. “Es una satisfacción tenerle entre nosotros” le señaló al tiempo que explicó algunas de las características de este pueblo formado por cinco núcleos de población: Navalón, Villar del saz de Navalón, Sotoca, Fuentesclaras y Jábaga más la urbanización Señorío del Pinar y Pinar de Jábaga. Chamón resumió, brevemente, los 46 años de historia surgida por la necesidad de compartir servicios y otros tantos por mantener el sentimiento de unidad.

 

El alcalde recordó igualmente que, si bien estaba prevista la asistencia del padre Ángel el  pasado día 30 en el acto de homenaje a las víctimas de la violencia de género, al que no pudo asistir, “se cumple hoy, por fin, nuestro anhelo de tenerlo con nosotros aquí, en Jábaga, en donde quiero anunciar que sí se celebrará el primer Memorial de las Victimas contra la violencia machista y en memoria de los niños que ya apoya el Gobierno de España y al que se ha sumado, ya, el Ayuntamiento de Cuenca”.

 

El siguiente turno en tomar la palabra fue el de María Chamón, madre de Laura del Hoyo. “Es un orgullo para nosotros que esté en mi pueblo apoyando, estando con las familias y, mucho más, en la memoria de las víctimas de violencia de género. Ojalá que algún día encontremos esa hermosa palabra de tres letras: Paz, porque solo sabemos del dolor y la desolación causada ante tanta maldad. Lo sabemos los que tenemos que vivir día tras día con la pérdida de una hija”, dijo María Chamón. “Tengo que decirle que la grandeza de una persona se mide por lo que lo que da y, en eso, usted padre Ángel, es muy grande ayudando a los más necesitados, a los refugiados, a los sin techo. Usted es un sacerdote, un padre de verdad. Siempre le llevamos en el corazón por su cariño y sencillez.

 

El padre Ángel comenzó recordando palabras del papa Francisco. “Dice el papa Francisco que no nos acostemos sin esas palabras mágicas: perdón, te quiero y gracias. Y hoy, de una manera especial porque muy pocas veces hay actos tan ricos y humanos como este. Por eso, gracias a vosotros porque uno se siente acogido en un Ayuntamiento que es, como nuestra iglesia, la casa de todos. Decirle desde aquí, a las familias, que desde el primer momento sentimos el dolor de las personas. Que su dolor nos duele en el alma y que esperamos ver, cada vez más, un mundo solidario e inclusivo en el que vivir”.

 

El padre Ángel recordó cómo oficiaba una misa en memoria de Alicia, la mujer de 65 años que se suicidó en Madrid cuando iban a echarla de su casa. “Celebramos una misa en San Antón por Alicia, que se había suicidado cuando unos agentes mandados por mandatarios la desahuciaban y se tiró. Mi sorpresa es que no tenía nada, pero iba a nuestra iglesia a llevar ropa y comida. No tenía para pagar y sin embargo, sus gestos eran solidarios. Son gestos de los que uno se tiene que sentir orgulloso y feliz como estar aquí, en Jábaga. Actos solidarios, ricos e íntimos” dijo el padre Ángel al tiempo que le entregaba al alcalde esa pequeña figurilla, “el Banco Solidario” diseñado por el papa Francisco, que representa a un indigente durmiendo en un banco al que se acaba de posar una paloma blanca. “Un acto, ante una persona sin hogar, ante un niño, ante un indigente en el que nos debemos poner de rodillas”, dijo.

 

Tras firmar en el Libro de Honor y dejar constancia fotográfica de su presencia en Jábaga, la comitiva se dirigió a la iglesia parroquial en donde tuvo ocasión de contemplar sus restos góticos exteriores y ya, en su interior, la talla de la Soledad y lo que comienza a ser la realidad del museo parroquial.

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