Querida Mari Jose,

Sé que tú me darás fuerzas para leer estas palabras. Aunque todos los que estamos aquí hemos tenido la gran suerte de conocerte bien, quiero resaltar tantas vivencias y valores que durante años nos has trasmitido a todos.

Hoy hemos venimos aquí a esta Iglesia de San Antón, que tú tanto querías, a rezar por ti, a arropar a tu hijo Santos, a toda tu familia y a tus amigos. Mari Jose, ¡qué vacio tan grande nos has dejado¡…, pero con el tiempo nos ayudarás a aprender cómo llenarlo con tantas vivencias y recuerdos bellos que nos has dejado.

Mari Jose, yo recuerdo cuando estuviste de cooperante en El Salvador y cómo esto marcó el resto de tu vida. Allí decidiste ser madre, pero MADRE con mayúsculas. Recuerdo perfectamente que en nuestras conversaciones yo no te comprendía y, tú me explicabas cómo cuándo viste entrar a Santitos en nuestro hogar, sentiste que ese niño tenía que formar parte de tu vida. Y así fue Mari Jose, luchaste porque él tuviera lo que más necesitaba, AMOR Y CARIÑO. Y conseguiste que tanto tú, tu familia y los amigos, se lo diéramos a raudales. Siempre tu lema fue: ¡quiero que sea un niño feliz¡… tengo que decirte, Mari Jose, que lo lograste, pero en algo te equivocaste, no sólo ha sido un niño feliz, sino que es y será, un hombre feliz… ¡verdad Santos¡ ¡porque los años pasan para todos¡ … De hecho ayer celebramos tu 21 cumpleaños.

Mari Jose, recuerdo perfectamente cuando me llamaste hace ya 6 años para decirme que te habían diagnosticado un Cáncer. Demostraste tal entereza y tal fortaleza que te permitiste lo justo, llorar durante unos minutos e inmediatamente ponerse manos a la obra para luchar no sólo por tí, sino sobre todo, por Santos. Mari Jose, ¡Qué lección nos has dado cada día de tu vida¡ ¡Cuánto tenemos que aprender de ti y de cómo afrontar los momentos duros que nos llegan en la vida¡. Nunca te faltó en tu rostro la sonrisa. Según fue pasando el tiempo y complicándose la enfermedad, seguiste luchando como una javata y en ningún momento dejaste entrever ni un momento de flaqueza.

Mari José, además de una gran persona, también has sido una extraordinaria profesional. Entregaste a Mensajeros de la Paz ese gran amor que repartías a raudales, tanto con los familiares de los enfermos del Hospital de Parapléjicos de Toledo, como cooperante en países como Lima y El Salvador y, más tarde, con los ancianos de nuestras residencias. Siempre defendiendo y luchando por la dignidad de los que menos tienen y más sufren.

Te conocimos por tu fuerza y nunca pensamos que pudieras marcharte tan pronto. Mari José siempre fuiste un ejemplo de lucha, ilusión, esperanza y actitud positiva… Te fuiste en paz, rodeada de todos los que te quieren y con todos tus deberes bien hechos… como sólo los grandes se van¡

Ahora sólo te pedimos que desde El Cielo nos sigas protegiendo a todos. Y no te preocupes, que aquí estamos muchos para seguir queriendo a Santos.

Te queremos Mari Jose y Santos, tu familia, amigos y compañeros siempre te llevaremos en nuestros corazones.

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